Que en Hollywood faltan ideas no es algo nuevo. Hace años que estamos inmersos en la corriente del remake, una tendencia que toma argumentos del pasado y los pasa por la turmix de las nuevas tecnologías con resultado variopinto. En este marco se estrena hoyFuria de Titanes, la penúltima superproducción norteamericana con trazas de revival.
Supongo que a estas alturas pocos desconoceréis la historia, pero por si acaso nosotros os la contamos. En tiempos de la Antigua Grecia el rey de Argos arroja al mar a su mujer y al hijo de ésta al creerse traicionado por Zeus. El rey piensa que el niño no es suyo sino del dios olímpico, de modo que sacrifica a ambos y se declara en guerra contra las divinidades. Pero el niño, Perseo, sobrevive gracias a la ayuda de Zeus y crece junto a una familia adoptiva. Pronto la guerra contra los dioses le otorgará un papel determinante en la historia, uno que solo puede interpretar un semidios, hijo de deidad y mortal.
Esta nueva versión, a cargo del casi neófito Louis Laterrier (El Increíble Hulk), no es otra mirada sobre la película orginal, sino un lavado de cara digital en tres dimensiones. Respecto a la Furia de Titanes de 1981, ésta conserva el guión, los personajes y algunas de las secuencias más famosas con matices. Como aspecto positivo mencionaremos que siguen estando el Kraken, Medusa, las brujas estigias y los enormes escorpiones, y que nunca han lucido mejor. Aun los fanáticos de la animación de Harryhausen hemos de reconocer que el diseño de las criaturas es excelso y que las nuevas técnicas digitales han sido aprovechadas con inteligencia. Y no solo eso, porqueFuria de Titanes es sobresaliente en todos y cada uno de los aspectos técnicos. El sonido y la música encajan perfectamente con la acción y dotan de cierta emotividad en momentos, la dirección artísitica funciona y los efectos especiales están bien trabajados e integrados. Además logra algo que se le escapó a la producción de Desmond Davis: recrear con fidelidad la luz del Mediterráneo. Hace 30 años los filtros necesarios para la animación de las criaturas terminaron por estropear el color de la cinta, que en ciertos momentos era demasiado oscura y pecaba de falta de contraste. Ahora el sol brilla sobre el Mare Nostrum para regocijo del apartado visual, que carga las tintas en esta luz y el mar, dos personajes fuera de créditos pero siempre presentes. Ver cómo el Kraken emerge de las aguas y agita sus tentáculos sobre Argos, más aún con las dichosas gafitas tridimensionales, es un auténtico espectáculo.
Porque, en definitiva, eso es la nueva Furia de Titanes, un colosal espectáculo. Ante y sobre todo, la película de Laterrier busca dejar boquiabierto al espectador con su arsenal de fuegos artificiales y su imponente reparto. Worthington (Avatar, Terminator Salvation) encabeza un elenco de actores secundado por Ralph Fiennes como Hades y Liam Nesson como dios de dioses. No podemos decir que el libreto les exija mucho y, desde luego, ellos cumplen debidamente. Sam es un reclamo para el público juvenil, especialmente el femenino, y da el pego como héroe de la antigüedad a pesar de su aspecto de luchador de Pressing Catch. Por su parte, Fiennes y Nesson mantienen ciertos diálogos interesantes. aunque el excesivo dramatismo de este tipo de producciones termine por opacar cualquier detalle interpretativo. El resto del reparto se completa con secundarios más o menos conocidos que rellenan, sin más, el espacio que queda detrás del protagonista.
Con respecto a la Furia de Titanes podría decirse que todo lo que gana en espectacularidad lo pierde en frescura. Se echan de menos los conceptos arriesgados (esqueletos con espada, lechuza robótica…) que se utilizaron en 1981, así como ciertos detalles que la encumbraron como un clásico desde su estreno. Laterrier no se pierde en diálogos ni esdenas introductorias y va derechito a la acción cual novio en su luna de miel. Pero no solo de la primera versión bebe esta Furia de Titanes, porque con el paso de los años el género ha avanzado y refrescado sus referencias. De esta forma veremos influencias de Gof of War (venganza contra la divinidas, diseño de monstruos, secuencias en Argos, representación de Hades), de El Señor de los Anillos (la parte del viaje es casi un homenaje) o de Gladiator (utiliza el mismo concepto del honor y semejantes bravuconadas, diseño de armas). Son en su mayoría referencias visuales, pero a buen seguro podrían ponerle la cara colorada al director si se comparasen directamente. Lo que sin duda más dolerá a los fanáticos es que se ha perdido el aspecto adorablemente cutre de película de sábado por la mañana.
Podríamos explicar la diferencia entre las versiones de Furia de Titanes recurriendo a la gastronomía: la ‘Furia de Titanes’ primigenia podría tratarse de un plato elaborado con pocos ingredientes pero mucho esmero, mientras que la que hoy se estrena sería el mejor de los manjares precocinado. Ambos alimentan y quizá los colorantes del segundo engatusen a más de uno, pero el primero es más saludable y su sabor no se puede reproducir en las grandes fábricas. Y, así como no hay que dejar del ver el festival para los sentidos de la nueva película de Warner, mucho menos debemos olvidarnos del esfuerzo de Haryhausen y compañía en 1981.
Furia de Titanes se estrena hoy 31 de marzo








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